Con este Grito por la defensa del paciente mental en sus ingresos expongo como testimonio mis experiencias y reflexiones acerca de los más de 20 años de tratamiento psicoanalítico que para “acabar”, brutalmente condujeron a tratamientos de otro tipo… y por muy poco no al suicidio pero sí a los intentos de suicidio.
Una de las paradojas de este tipo de situaciones “psicológicas” es que tienes un año para denunciar lo que no son sino negligencias médicas pero que de no existir ninguna persona que asuma por ti tu causa, el estado en el que te encuentras impide que tú hagas ninguna denuncia.
Yo debí denunciar a mi psicoanalista, y debí luego denunciar la incompetencia (cuando no abuso) por parte de la asistencia en general psicológica y psiquiátrica recibida en muchos casos; pero llegado un punto, de no haber suicidio, te das cuenta de que NO PUEDES INTERPONER NINGUNA DENUNCIA (como no quieras acabar en un circuito de tribunales que te conduzca directamente de nuevo al psiquiátrico y/o a la cárcel PORQUE ERES TÚ EL O LA “DIAGNOSTICADA”) y que eres un sujeto dependiente de la mala praxis continuada de quienes no atienden a las CAUSAS DE LO QUE TE AFECTA (entre otras cosas la mala praxis misma) y persisten en ella.
Tengo que decir que, en mi caso, mi nivel de conocimientos y de estudios, de psicoanálisis y de psicología, me permitieron más o menos remontar gracias a una buena dosis de buena literatura sobre el tema, y enfrentarme a estos hechos de absoluta falta de ética, y entablar diálogo con los propios psiquiatras, lo que condujo a un cierto cambio de actitud en lo que llevamos de año.
Pero el coste en cuanto a malestar psíquico y espiritual, y VITAL, ha sido incalculable e inagotable y NO SE PUEDE REPARAR.
Permítan que me siga explayando acerca de este tema. Cuando todo esto comenzó hace unos 5 años, yo no tenía con quién hablar y no recuerdo haber dado en internet cuando busqué, con ningún sitio en el que desahogarme. Tengo que decir que sí recurrí a otros servicios como al defensor del paciente en el que me pedían que contase por escrito mi historia, pero necesité escribir en cambio un libro. Ellos NO HUBIERAN ENTENDIDO cuáles fueron las por así llamarlas, negligencias de mis psicoanalistas y NO HUBIERAN ATENDIDO MI DEMANDA. Por otra parte yo ya estaba en manos de los psiquiatras y no estaba en condiciones mentales como en otra parte digo para hacer especificaciones muy claras.
Cuando llamé a mujeres maltratadas no podía ni decir mi nombre…
Lo que expongo a continuación es solo un breve preámbulo…
Sujeción mecánica y privación de libertad
En la actualidad en residencias psiquiátricas modernas, se sujeta a los pacientes o se los encierra en “observación” tanto si es necesario como si no, tanto si son (o están) agresivos como si no, si hay riesgo de auto lesión o fuga como si no (el autolesionarse o darse a la fuga debiera ser un derecho del paciente) a veces más en función del “historial” que de la situación actual, y sin que haya ningún tipo de control de horarios. El paciente recibido en urgencias psiquiátricas puede permanecer horas y horas y/o días encerrado o semiencerrado en una habitación con las luces normalmente continuamente encendidas, sujeto por el abdomen “para evitar que se caiga” (¿?) y pies y manos “cruzados”, sin recibir alimentos ni agua muchas veces, ni aunque lo pida a gritos o mil veces seguidas, dependiendo de la animadversión o simpatía o “ganas” del personal entre hiperactivo y abúlico respecto del paciente. De recibir alimentos muchas veces ni siquiera se lo desata y no se presta atención a la quejas de dolor o imposibilidad de adoptar una postura medianamente normal para dormir a causa del grado de sujeción, que suele ser mayor o menor, muchas veces excesivo, según la prepotencia, afán de protagonismo u obediencia de quien aplica la sujeción. Muchas veces pacientes no agresivos son trasladados al hospital esposados y les son administradas inyecciones sin informarles acerca de lo que se les está inyectando.
El personal de enfermería por lo general se muestra impaciente y displicente e incluso agresivo, o a la inversa, adopta la actitud paternalista de “dar en la boca” y rebajar así la autoestima del individuo. Son corrientes las burlas en cuanto a si el paciente finge o si realmente presenta sintomatología.
Los psiquiatras por lo general se comportan con indolencia y sobriedad doctoral. No prestan atención ni muestran emociones ni empatía respecto de lo que el paciente informa o sus síntomas. Mantienen la mirada fija, el rostro inexpresivo.
La explicación que dan en cuanto a la necesidad de sujeción es la de que ésta permite al sujeto recuperar una posición acorde con las restricciones del marco social. Pero aun cuando el sujeto da muestras de autocontrol y de tener claras las reglas, se le mantiene sujeto y/o en aislamiento. Por lo común es a fuerza de mostrar abierta rebeldía a estas medidas que el paciente obtiene finalmente su tan ansiada libertad