Muchas personas caen en comportamientos que son dañinos para sí mismas, como fumar o beber en exceso. Pero la diferencia principal entre estos comportamientos y el de alguien que corta repetidamente sus propios brazos es que la gente no fuma con la intención de dañarse. El daño es un efecto secundario desafortunado, y la razón por la que fuman es el placer. En cambio, quienes se cortan se proponen lastimarse.
Hay también una distinción importante entre el intento de suicidio y la automutilación. En el caso de intento de suicidio (por ejemplo, por la ingestión de píldoras, que es lo más común), el daño causado es incierto y básicamente invisible; por el contrario, cuando una persona se hace cortes, el daño es claro, predecible y a menudo altamente visible.
¿De qué modos suelen dañarse las personas a sí mismas?
Las formas más comunes son los cortes en los brazos, las manos y las piernas, y menos comúnmente la cara, el abdomen, los pechos e incluso los órganos genitales. Algunos se queman o se escaldan, otros golpean sus cuerpos, o se golpean contra algo. Otras maneras en que la gente se daña incluyen arañazos, pinchazos, morderse, rasparse y, ocasionalmente, la inserción de objetos afilados debajo de la piel o en orificios del cuerpo o tragar objetos afilados o sustancias dañinas.
Las formas comunes de auto-lesión que raramente necesitan atención médica incluyen a personas que se arrancan el pelo y las pestañas, se pinchan en ciertos punto de su piel o se frotan tan fuerte que llegan a producirse una abrasión de la piel.
Abuso sexual en la infancia
Muchas personas afirman que comenzaron a dañarse a sí mismas en la niñez, disfrazando los rasguños y moratones como accidentes y que progresaron hacia cortes y quemaduras más sistemáticas en la adolescencia.
La automutilación y otras conductas autodestructivas son comunes en personas que han sido víctimas de abuso sexual en la infancia (R.P. Kluft, 1990), debido a las emociones tan intensas y desagradables que los recuerdos del abuso pueden llegar a producir, o bien como un modo de castigarse a sí mismas, por haber interiorizado una imagen muy negativa de sí mismas, con gran autodesprecio y baja autoestima. Es decir, el abuso, puede hacer pensar a una persona que hay algo malo en ella y por eso le sucedió algo tan terrible.
Otras teorías afirman que debido a que a estas víctimas se les prohibió revelar la verdad acerca del abuso y maltrato vivido en la infancia, utilizan la auto-mutilación como un modo de expresar al mundo el horror del abuso vivido.
Las investigaciones parecen mostrar que las personas que se autolesionan han vivido en ambientes que los infravaloraban como personas; un ambiente en el que la comunicación de experiencias privadas se encuentra con respuestas inadecuadas o extremas. La expresión de experiencias privadas, por tanto, no se valida adecuadamente sino que es trivializada o castigada.
Por supuesto, no todas las personas víctimas de abusos sexuales en la infancia se dañan a sí mismas, ni todas las personas que se autolesionan han sido víctimas de abusos.
La adicción a las endorfinas
Una teoría biológica afirma que los cortes desencadenan la liberación de endorfinas por el cuerpo que acaba creando adicción. Estas sustancias son opiáceos naturales que producen una sensación de bienestar y alivian el dolor. Así, algunos autores consideran que estas personas han llegado a ser adictas a sus propias endorfinas, motivo por le que continúan cortándose repetidas veces. Pueden incluso sufrir una especie de síndrome de abstinencia si no se cortan durante un tiempo. Los medicamentos usados para tratar adictos a la heroína son eficaces con quienes se autolesionan, pero sólo en las personas que dicen tener una sensación similar a la producida tras tomar drogas después de cortarse.
Otra teoría se basa en el principio psicológico de que todo comportamiento tiene consecuencias que lo están recompensando de alguna manera. Por ejemplo, lograr la atención de otra persona a través de la autolesión o castigarla de alguna manera (por no haberla protegido de los abusos, por ejemplo).
Bibliografía
James Tighe y Dr Raj Persaud, bbc.co.uk
Richard P. Kluft, 1990












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