Soyborderline Blogger
Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
Mi pena
Dicen que cada día se aprende algo nuevo: yo he tenido que aprender a llorar sola, a consolarme sola, a sufrir sola, a hacerme a la idea que la soledad me va a perseguir siempre.
Cada día lloro un poco más pero mis lágrimas ya no caen como antes, cada vez caen menos porque ahora lloro “por dentro” y es lo más horrible que he sentido nunca.
Siento un dolor horrible en el corazón siento un vacio que ahoga y me paraliza, sólo pienso en cerrar los ojos y dormir: meterme en la cama, taparme la cabeza y no escuchar nada durante horas y horas: ese es el único refugio que me queda. No quiero volver a sentir nada nunca más. Quiero que los sentimientos desaparezcan de mi cabeza.
La quería tanto… y la sigo queriendo aunque con ella también lloré muchas veces: ella siempre me consolaba y después me hacia llorar por cosas hermosas nunca malas, como lo que me decía de la botellita que me iba a comprar para “guardar mis lágrimas”: esas cosas han desaparecido para siempre, nadie volverá a decírmelas nunca.
Ella sabía cómo era yo: sabía que estaba herida que sufría: sólo ella lo entendía.
...Otra oportunidad
Después de lo que se podría llamar otra “tentativa de suicidio”, tomé conciencia del sufrimiento que le estaba haciendo pasar a mi padre. Le vi llorar por segunda vez en mi vida, me abracé a él y le prometí que no lo volvería a hacer. Estuvimos hablando sobre las posibles soluciones para arreglar “mi situación”. Decidí darme otra oportunidad y desde ese día he estado planeando cómo cambiar mi vida para salir de mi infierno, pero mi cabeza no me deja tranquila. No es que no quiera ordenar mi vida: es que no puedo. Tengo que estar bien para tomar las decisiones adecuadas, en lugar de tomar esas decisiones para estar “bien”.
El Puente
Hace tres semanas, a las tres de la madrugada de un miércoles, estaba sentada en la barandilla de aquel puente, con la mirada perdida en los coches que circulaban, a punto de saltar al vacío. Estaba totalmente convencida de acabar con todo de una vez pero me di cuenta que la altura no era suficiente y que la caída no sería mortal. Pensé que posiblemente me atropellaría alguno de los coches que pasaban en ese momento y que destrozaría la vida de algún desconocido. ¡Qué inconsciente! Me bajé y me senté en el suelo. Lloré de rabia. ¡Me sentía tan impotente! Volví a casa.
Despertar
Esta mañana me he despertado como tantas otras, sudando, con el corazón latiendo a mil por hora y con el cuerpo entumecido. Como siempre, me pregunto cómo puedo estar tan nerviosa si hace dos minutos estaba dormida y no ha podido pasar nada que me altere en ese tiempo. Entonces recuerdo que hasta las tres o cuatro de la madrugada no me hicieron efecto las pastillas y que durante las pocas horas que he dormido he tenido las pesadillas que siempre me atormentan. Me doy cuenta, una vez más, que mi infierno sigue ahí, que no puedo escapar de él, ni siquiera en las horas en que estoy “dormida” bajo los efectos de los hipnóticos. Y me quedo tumbada en la cama, incapaz de moverme. Siento como si tuviera las piernas y los brazos atados. Me pesa todo el cuerpo. Otro bajón.



