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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
luz y color
No quiero que mis días sean de facturas de médicos o medicinas. No quiero que mis días sean de chismes, enfermedades y la pérdida de seres queridos.
Quiero creer en el poder de la sonrisa, del abrazo, del apretón de manos, de la palabra dulce, de la verdad, de la justicia, de la paz, de los sueños, y como no, de la imaginación.
Quiero creer en la raza humana.
¿QUE OCURRE AHÍ ARRIBA?

Entre los charcos de la última lluvia, la luna va buscando estrellas.
Oriunda de parajes lejanos, nunca falta a su visita, aunque en ocasiones no se deje ver.
Titilantes pequeños puntos de luz ya extinguidos se muestran presentes, reflejándose en las charcas, como queriendo demostrar que lo que una vez fue, permanece, al menos por un tiempo.
Mientras el viento aleja neblinas, las estrellas juegan a ocultarse entre las nubes que, pasajeras, dejan su esencia y luego marchan.
Unos las echan de menos cuando faltan mucho tiempo, otros terminan hastiados de ellas si no se van pronto. Lo cierto es que nunca pasan desapercibidas. Virtud o defecto.
Y en las noches claras, una luna llena en plenitud parece haber terminado el juego de días lluviosos y encontrado todo un mundo mágico, distante, inalcanzable. Real o imaginario, está ahí, para quienes alzan la mirada, y quieren verlo.
Y esa luna pletórica, menguante o creciente, refleja los rayos de un ser de luz que ahora se muestra radiante, otra hora oculto.
Noches de estío, mirando el cielo.
- Abuelo, ¿por qué la luna no siempre es redonda?
- La luna, niña, es como nosotros. No siempre está llena, al igual que nosotros no siempre somos felices. Durante un tiempo, está contenta, o triste, depende de cómo tú quieras verla. Y al igual que nosotros no debemos o podemos permanecer tristes o contentos por mucho tiempo, ella también cambia. Pero, creciente o menguante, siempre resurge, siempre está ahí.
- ¿Y por qué el sol y la luna nunca están juntos ahí arriba?
- Sí lo están, pequeña. Algunos días, antes de que el sol vaya a acostarse en su lecho de estrellas, la luna puede verse en el cielo y parece seguirlo, queriendo ir con él. Pero el sol no puede esperarla y, tras ponerse, cuando ya todo es noche, sigue alumbrándola para guiarla en su camino, y que no se pierda en el infinito.
- Y el sol, ¿por qué no la espera?
- Qué más quisiera el sol, chiquilla, que poder esperarla, y estar siempre junto a ella. Mira… voy a contarte una historia muy antigua, que me contó alguien a quien dice se la contaron.
En un tiempo lejano, en un mundo que puede fuera este, existía un astro rey llamado Sol y su amada, Luna. Por todos admirados, cada día cruzaban juntos el cielo, y las gentes alzaban la mirada para contemplar tal espectáculo.
Pero el Sol, más radiante que nunca por tener a su amada junto a él, impedía a quienes querían ver la belleza de la Luna que lo hiciesen, pues sus rayos lastimaban los ojos de hombres y mujeres. Además, en las noches, el cielo quedaba huérfano, todo negrura salpicada de estrellas como lágrimas de luz.
Por esto, hubo quienes arguyeron un maleficio para que el Sol y la Luna no siguiesen juntos, y así poder contemplar la hermosura de ésta, y convertirla en guardiana de estrellas.
- Y al parecer, lo consiguieron, ¿no, abuelo?
- Pues sí, y no, preciosa. Como sabes, el sol y la luna parecen nunca rozarse en el cielo, ni siquiera acercarse. Pero en ocasiones, muy de vez en cuando, la luna logra vencer el maleficio y alcanzar al sol. Y por unos instantes, ambos coinciden, y la luz que emite el sol parece no llegar a la Tierra, que se oscurece.
- ¿Por qué pasa eso?
- Eso es porque, en esos momentos, el sol sólo tiene ojos para contemplar la belleza de su amada. Pero ese efímero instante pronto empieza a quebrarse, y ambos se alejan, cada uno por su lado, incapaces de hacer persistir dicho encuentro. Y es por esto que, algunas noches, no puedes ver la luna en el cielo, que prefiere esconderse antes que mostrarnos su pena por no poder estar siempre junto al sol.
- Vaya… no sabía de este relato, abuelo. Ya nunca miraré el cielo del mismo modo. Me encanta que me cuentes historias como esta. Me encantan estas noches.
Te quiero, abuelo – le dijo, abrazándolo.
Con los ojos vidriosos y el alma contenta, el abuelo alzó un brazo, señalando un punto en el infinito cielo.
- ¡Mira, pequeña! – le dijo a su nieta, apremiante -. rápido, pide un deseo. El sol llora estrellas fugaces…
METAMORFOSIS
Poco a poco, me despojo de mi interior y lo regalo por partes iguales a todos. La ingenuidad hace que trocitos de mí se esparzan vulnerables a manos ajenas y extrañas. La imprudencia me convierte en una víctima en potencia que arriesga sin medida. Y mientras tanto, mi alma sobrevuela las turbias nubes del interés de este mundo, mis brazos y rodillas sangran a cada latido, en cada bache, en cada obstáculo. La sangre es la bandera del sufrimiento que deja atrás un rastro rojo. Camino adelante, lentamente, cogida de la mano del dolor. Las lágrimas se han quedado sin sal, sin vida, mueren y renacen, caen al suelo. No hay consuelo, las palabras no traspasan la coraza de la tortura. Todo resbala cuerpo abajo, sin parada. Los pensamientos corren frenéticos por el agujero negro de mi cerebro, vacío y lleno al mismo tiempo. El miedo, estratega maquiavélico, metálico, cierra de golpe todos los ventanales y puertas que dejé abiertos. Busco un buen escondite donde pueda yacer y encontrar la calma. Pero no sirve de nada, porque las inseguridades siguen conmigo. Quiero esconderme, pero no puedo dejar de perseguirme. Mi cabeza da vueltas como una noria expulsada, queriendo refrescar las neuronas, con agua fría, bien fría, que pueda congelar mis errores pasados.
Nadie le dio nada. Ella misma reconoce que sufre una metamorfosis entre la alegría y la tristeza, entre el blanco y el negro, entre el día y la noche. Poco a poco, se abre camino en este mundo lleno de trampas y ambiciones. Cuando todo parecía encauzar por el buen camino, el histerismo, los nervios y el odio atacan de nuevo. La perturban hasta el punto de llegar a enloquecerla. No existe lugar en su mente para la calma y la tranquilidad, infinitos pensamientos se apoderan de su ser y la bloquean de nuevo.
Pero como a la tierra, el viento, el fuego y el agua se hacen y se deshacen, se esparcen y se contienen, nace de mi interior el afán de superarme, de mostrar a los demás que sí puedo y en ese preciso instante soy agua y nado por mi interior. Puedo ver un inicio de Luz. Hace poco fui fuego y quemé el dolor del momento pasado, haciendo del infierno un cielo de color azul. Pero antes, había sido viento porque volaba las alturas de un alma que se encontraba huyendo de las tormentas interminables. Y mucho antes, fui tierra, humilde y servil a un destino cruel que me habían dispuesto los dioses y las diosas.
El ciclo es constante, redondo y con movimiento circular, siempre nos vuelve a un inicio. Las repeticiones nos ayudan a no caer en el mismo agujero, aunque hay otros, siempre hay otros. Pero renacer cada día es como besar la vida cada noche, justo antes de irse a la cama, viendo las estrellas que te recuerdan un futuro que vendrá... un suspiro de superación que esta vez si llegara.
Estas oportunidades de mostrar que si se puede, son lluvia que mojan el espíritu, que nos dan fuerza a todos para hacer el camino juntos y que a pesar de lo llenas que estén nuestras mochilas, de nuevo acariciaremos suavemente el suelo. Hay que detenerse de vez en cuando, para cargar de aire los pulmones neuronales y hacer de las experiencias pasadas un vendaval que se lleve lejos, muy lejos, lo que un día fuimos. Eso si hay que ponerle ganas y mucho esfuerzo personal.
Les invito a seguir el camino de la Luz.
AL MENOS, YA NO LLUEVEN PIEDRAS...

Esta es la triste historia de un ser que no fue, el relato de una criatura sin dicha.
Más allá de donde la soledad se siente sola, e intenta huir en busca de compañía; e incluso más allá de donde el olvido se olvida de sí mismo, y jamás es recordado, existen lugares baldíos de todo y repletos de nada, en los que la crudeza de la realidad se confunde con la amargura de sueños incumplidos.
Y es en estos parajes desiertos, entre montañas, rocas y peñascos, acantilados y precipicios, desfiladeros y cuevas horadadas profundamente por el tiempo hasta más allá de las entrañas del mundo, donde habita y sufre su existencia este ente que, se cree, antaño fue alguien, y hogaño desconoce acaso si es.
De hecho, incluso él mismo ignora por qué terminó en ese lugar perdido, más lejano que cualquier otro, distante de todo.
Su hogar, una caverna que bien podría haber sido sepulcro digno de un rey, está flanqueado por colosales paredes de piedra que se elevan como murallas, y apenas dejan una estrecha abertura para permitir que la luz de un sol apagado forme una tenue semi penumbra, que no alcanza a colarse en el interior de las estancias ahora habitadas, manteniéndose siempre opacas, oscuras, sombrías.
Jamás sonríe. Se le olvidó. El tiempo, que dicen todo lo cura, y todo lo deja atrás. Atrás, más allá del recuerdo.
Pero poco importa. En este lugar no hay razones para sonreír o manifestar alegría. Ninguna. Ni siquiera el valioso hecho de estar con vida.
Desde la entrada de su gruta, entre la negrura del interior y la penumbra del exterior, se divisa un profundo vacío. Repleto de silencios, rebosa vastedad, ensanchándose cada vez más hasta el invisible fondo, oculto por la falta de claridad.
Nunca se ha atrevido a bajar allá abajo. No desea por un infortunio caer y quedar allí, malherido, para siempre. Le resultaría, más que doloroso, demasiado familiar. Y no está dispuesto a volver a sentir.
Quizá por esto hace ya mucho, empezó su costumbre de tirar piedras desde lo alto de la montaña, ladera abajo, observándolas caer, rebotar, rodar sin freno. Y cuando no quedaron piedras allá arriba, lo hizo desde la entrada de su morada, hasta más allá, hacia el abismal vacío. Cada vez que se sentía mal, o que acontecía algún hecho que le marcaba profundamente, o que regresaba un perdido y odiado recuerdo a su mente, cogía un guijarro, lo apretaba con fuerza en su puño, y lo lanzaba, perdiéndose en la negrura, intentando desquitarse con él parte de su desdicha, mientras el eco de los golpes retumbaba quebrando el pesado silencio.
Ocurrió en una ocasión que, sumido en sus pensamientos y lamentos, arrojó por error algo muy valioso. Al volar en caída libre, en su parábola se cruzó con un casual rayo de luz, que lo hizo brillar. Y fue en ese momento, inalcanzable ya, cuando se dio cuenta de su estupidez. Al intentar ir a buscarlo, comprendió lo intangible de su miseria. El inmenso montón de piedras, sinónimo de frustraciones y penas, desconsuelo y pesadumbre, abatimiento, congoja y pesar, aflicción y angustia, sufrimiento y desolación que había acumulado con el tiempo, era incalificable en su descomunal y colosal dimensión. Encontrar algo allí era como vislumbrar un atisbo de esperanza en un alma en pena.
Aún así, se dispuso a una búsqueda perdida.
Y perdió. Quedó hundido, atrapado en la grandiosidad que acentúa su pequeñez, en la realidad que confirma su insignificancia, en la soledad de un abismo sin fondo, del que no puede, sabe, acaso si desea, salir.
Al menos, ya no llueven piedras.
A SALVO

El bosque, antes oscuro y tétrico, como si de un cementerio natural se tratase, había cambiado su aspecto y, tras los últimos pasos, la maraña de zarzas y espinos que ocultaban el serpenteante camino que transcurría entre pequeños pinos había dado lugar a espacios abiertos, salpicados por grandes troncos de enormes chopos, hayas y encinas, cuyas copas, apenas visibles en lo alto, formaban un techo que dejaba pasar, aquí y allá, los rayos de un sol distante, creando un bello juego de luces y sombras.
El sendero, ahora ya libre de toda maleza, se mostraba iluminado, como invitando a recorrerlo y dejarse llevar allí donde él decidía. El ambiente, cálido a los sentidos, estaba plagado de pequeñas luces que flotaban por todas partes, subiendo y bajando gracias a la brisa que las mecía, al tiempo que peinaba las flores y hierbas de alrededor, propagando sus fragancias.
Mecida por esta misma brisa, el camino la llevó, tras recorrer los más bellos rincones, hasta un robusto tronco, centenario al menos, en cuya base se advertía algo así como un refugio.
Unas pequeñas velas, cuyas llamas parecía habían sido capturadas de entre las luces que le rodeaban, iluminaban la estancia, suficientemente grande como para sentirse cómoda.
Al entrar, fue tal la sensación de protección y bienestar que deseó quedarse allí para siempre, sin más necesidad que la de sentir que nada podía hacerle daño, a pesar de cuanto se perdía de la belleza que la rodeaba.
Cuentan algunos, que todavía sigue allí.
Disfrutando de la protección que tanto necesitaba. Dejando de lado casi todo cuanto anhelaba.
Existen lugares maravillosos, y mágicos. También momentos.
Lo difícil es encontrarlos. Lograr ver, entre bosques de malos tiempos y marañas de nefastos acontecimientos, instantes llenos de belleza, y magia. Caminos que, aunque llenos de obstáculos en su inicio, nos guían hasta escenarios, y vivencias, dignos de un sueño.
Lo difícil es, una vez hallados, disfrutarlos plenamente. Sin verlos distantes, sin formar parte de ellos. Sin permanecer en ese refugio. A salvo. Ausente.
GESTOS

Un día duro. Sé lo que es eso, puedo asegurártelo. Bueno, cálmate. Ya estás aquí. Siéntate, descansa, relájate. Reposa los brazos sobre las piernas, deja las manos entreabiertas. Cuando quieras, cierra los ojos. Despacio.
¿Qué sientes? Vaya, cierto... respiras. Casi nunca nos damos cuenta del acto de la respiración, pero cuando cerramos los ojos es una de las primeras cosas que apreciamos. Respirar es como esas personas que nos quieren... a menudo olvidamos que están ahí, que siempre están ahí, y que sin ellas sería imposible sobrevivir. Ambas, tenlo por seguro, te acompañarán de por vida. Disfruta, y aprende, de ellas.
Sigamos.
Puede que, en algún momento, un cosquilleo recorra alguna parte de tu cuerpo. No le hagas caso, no intentes rascarte, sigue en reposo. Del mismo modo que ha aparecido, marchará. Puede compararse con esos malos recuerdos que nos visitan, a veces demasiado frecuentemente. De igual forma, si los ignoramos y no los dejamos dando vueltas por nuestras cabezas, al final desaparecerán.
Respira. Tranquilamente.
¿Te encuentras bien, verdad? Mantente así tanto tiempo como desees. Disfruta de la calma. No todos saben hacerlo.
Cuando quieras, abre los ojos. Lentamente. E inmediatamente después, sonríe. Sí, sonríe.
¿Recuerdas la primera vez que lo hiciste? Tampoco yo, pero por suerte es algo que, una vez aprendido, no se olvida con el tiempo.
Ha sido rápido, cierto. Pero... ¿te sientes mejor? Si es así, acuérdate de estos breves gestos cuando lo consideres necesario, practícalos, y no olvides lo más importante; cada vez que abras los ojos, sonríe. Porque es más fácil conseguir cualquier cosa con una sonrisa.
Vaya... veo que no me haces mucho caso... ya llevas siete sonrisas pendientes. Ocho. ¿Siempre parpadeas tan rápido?
FUEGO Y EMOCIONES

A menudo, sentía como si viviese en una realidad ficticia. Todo alrededor parecía indefinido, las formas se desvanecían, las palabras iban y venían sin importar demasiado desde dónde, ni hacia quién.
Los hechos se sucedían, unos tras otros, sin razón aparente, en un sinsentido que, con el tiempo, llegaba a tenerlo.
Siempre había sentido una fascinación especial por las tradiciones paganas, costumbres cuyo inicio se perdía en el amanecer de los tiempos, pero que no podían ser extinguidas. Como mucho, adaptadas (y adoptadas) por parte de aquellos que intentaban hacerlas suyas.
Y el fuego, como elemento purificador, era el protagonista de casi todas ellas.
Cálido en su compañía, reconfortante y querido en los fríos momentos, el fuego resulta ser devastador cuando muestra toda su fuerza, e irreducible, combate por no extinguirse, como un poder oculto que despierta de un largo letargo.
No conviene jugar con él, al igual que no es recomendable jugar con los sentimientos. Ambos pueden descontrolarse, y aflorar mostrando toda su crudeza.
Luz en la oscuridad, brillo en las tinieblas. Como una sonrisa regalada en uno de esos malos momentos.
Purificador de males, indefinido en su forma. Como un sentido abrazo.
El fuego es, aún en su menor expresión, inalcanzable.
Nadie puede tocarlo por mucho tiempo, quedarse con su esencia. Nadie formar parte de él.
Es, por sí mismo, libre.
Y en su libertad encuentra su grandeza.
LA ÚLTIMA HOJA

A punto de caer la última hoja. La última esperanza de sobrevivir a la pérdida, el último recuerdo de tiempos mejores. Un mínimo soplo de viento, una pequeña vibración, pueden hacerla desprenderse, como mostrando la fragilidad con la que perduran los buenos momentos, como mostrando la facilidad con la que éstos pueden quebrarse. Y luego, un largo período de letargo. Siempre demasiado largo, pues aunque en realidad no lo sea, siempre lo aparenta. Triste, fría, sombría, intentando resistir todos los golpes, resguardando en su interior la vida, la esperanza. Deseando que llegue un día en el que volver a renacer; aguanta, resiste!!
Cierto es que envidia a aquellos cuyas hojas nunca caen.
No menos cierto es que si logra superar su letargo, nuevas hojas volverán a crecer repletas de ilusiones, grandes esperanzas volverán a florecer. Todo será como en una nueva vida, aunque siempre permanezca atada al mismo lugar.
Puede que con el tiempo vuelva a caer otra última hoja. Pero entonces será consciente de que crecerán de nuevo si resiste los malos momentos, y sabrá que de cada ilusión muerta puede llegar a surgir una esperanza viva.
ELECCIÓN DIFÍCIL

Siempre llegaba a casa de la misma forma, cabizbaja, acompañada a veces por la luna, guardiana de sus secretos. Otras, por nubes de frustración, que cubrían la poca luz que ésta le ofrecía, vagas esperanzas de tiempos mejores.
Nadie le había enseñado a querer. Tampoco a soportar el sufrimiento. Nadie le había mostrado la diferencia entre ambas cosas, y estaba casi convencida de que una de las dos palabras sobraba, pues para ella ambas significaban lo mismo.
'Te quiero', había dicho ya en demasiadas ocasiones, sin lograr a cambio una sola sonrisa.
'Te sufro', iba a probar a decir en algún momento. Seguro, la reacción por parte de quien lo escuchara no iba a ser muy diferente.
Ya decidiría luego cuál de las dos palabras eliminar de su vocabulario, frustrada como estaba de pronunciar la palabra quiero, y harta de sentir tan intensamente la palabra sufro.
Difícil elección.
MENSAJE ENTRE LÍNEAS

Esquivos... silenciosos y rápidos, rara vez son vistos. Guardianes de los bosques, en su mayoría habitan en ellos, ocupados en sus labores, despreocupados de un mundo demasiado preocupado en insignificancias como para caer en la cuenta de que existen.
Lo cierto es que no puede decirse que estos seres sean de naturaleza malvada, pero ni mucho menos se trata de criaturas cuyo fin sea hacer el bien. Son, simplemente, duendes; caprichosos, burlones, de pícara sonrisa.
Algunos, movidos por su curiosidad, descubrieron, más allá de los bosques y parajes llamados erróneamente inhabitados, a las gentes. Preocupadas, envidiosas, llenas de ira u odio, miedo, pena o dolor, las personas les parecieron extrañas, a la par que interesantes y, de estos, unos cuantos quedaron para habitar entre ellas, ocultos, casi invisibles, pero presentes.
Sucede que a veces nos embarga un sentimiento del que no logramos entender cómo, ni por qué, ha llegado a nosotros. En ocasiones nostalgia, otras alegría, por momentos tristeza, o una aparente felicidad. Incluso, más o menos a menudo, algo tan extraño como el amor.
Y ocurre que, algunos de ellos, permanecen en nosotros más tiempo del deseado, o menos del esperado.
Pues bien. Cuentan aquellos que dicen haber visto alguno de estos duendes, que casi siempre llevan en su cinto unos pequeños sacos, más o menos llenos, más o menos pesados, que guardan con recelo. Parecen sus más preciadas posesiones, ya que los duendes apenas cargan nunca objetos encima. Prefieren guardarlos en escondidos rincones, como un tesoro, a menudo más valioso de lo que pueda llegar a creerse.
Es conocida entre los habitantes de muchas aldeas la historia de un joven que, un día, regresando a su hogar al anochecer, vislumbró junto al tronco de un gran árbol una pequeña figura removiendo algo apresuradamente. Al intentar acercarse, el pequeño ser levantó inmediatamente la cabeza y sus miradas se cruzaron durante un ínfimo instante antes de que la pequeña criatura desapareciese como por arte de magia del lugar. En su apresurada huida, quedaron sobre la tierra tres pequeñas bolsas de colores: una verde, una marrón y otra grisácea. El joven, intrigado, las recogió y retomó el camino de vuelta.
Una vez en casa, hizo aquello que todos hubiésemos hecho: abrirlas.
Cogió la primera de ellas, verde, y desató el cordón que la mantenía cerrada. Al mirar en su interior nada encontró. Parecía vacía, pero una sensación de pena y pesar le embargó al instante. Extrañado, tanteó el segundo de los pequeños sacos, el marrón; claramente contenía algo en su interior, y este parecía un poco más pesado que el anterior. Lo abrió y... nada. Desánimo y decepción fue todo cuanto pudo sentir. La tercera bolsa, grisácea, la más abultada y a la par liviana de las tres, quedó unos momentos sobre la mesa, con la fija mirada del joven sobre ella.
"¿Para qué guardarla?¿De qué sirve tenerla si se ignora su contenido, su valor?" se dijo. Así que, a pesar de lo acaecido con las otras dos, tiró del hilo que la ataba. De inmediato, una nostalgia y tristeza muy sentidas se hicieron presentes.
Cerró los ojos un momento, y se preguntó el por qué de aquellos sentimientos. Al abrirlos, se sobresaltó al ver junto a las tres bolsas vacías un saco rojizo, todavía más pequeño que estas, con un hilo dorado alrededor. Un miedo creció en él, un temor a sentir más sensaciones nada gratas, y la anterior curiosidad o valentía se esfumó. Cogió la bolsa roja, salió de la cabaña, y la lanzó con rabia al cercano río. La corriente la llevó, y nada más supo de ella.
Dicen que aquella bolsa contenía sentimientos que nada tenían que ver con los que el joven acababa de experimentar. Quizá era esa la que debería haber sentido, la que el duende iba a dejarle antes del casual encuentro, pero nunca descubrió su contenido.
Y así es como algunos explican la existencia de muchas inexplicables sensaciones. Los duendes, desde antaño, las recogen y guardan, y luego las reparten a su parecer, esparciendo el contenido de los pequeños sacos allí donde les apetece. Pues lo que más les llamó la atención desde los primeros tiempos que compartieron con nosotros es algo que, de uno u otro modo, todos los hombres y mujeres poseen, y de lo que ellos carecen: sentimientos.
Y al igual que ellos nos envidian por tenerlos y experimentarlos, algunos de nosotros desearíamos ser, en muchas ocasiones, simplemente, duendes.
MELODÍAS JUNTO A UN MAR DE EMOCIONES

Fuiste música y como música te has ido.
Melodía en armonía.
Acordes, acordes con tu idea de la vida, una balada alegre de la que, dichosos, formábamos parte.
Arte en cada nota. Notas, gotas de una esencia pura, que perdura.
La partitura de una vida escrita con fuerza.
Ritmo al compás de la amistad.
Pasos que dejan huella, momentos que quedan, instantes que permanecen.
Personas que marcan.
La vida es un concierto en el que no hay que pagar entrada, en el que cada canción es una vivencia, un sentimiento. Y cada pausa, un silencio de sabiduría.
Luces que se apagan tras cada actuación. Humildad que incrementó tu brillo.
El tiempo compartido convertido en algo que recordar.
Un amigo en hermano.
Cada recuerdo en sonrisa.
Encárgate de que suene la música cuando volvamos a vernos.
Mientras, aquí seguirán presentes momentos, grabados a perpetuidad.
Pues tu concierto ha acabado… de empezar.
Porque fuiste música, y como música has marchado.
Canciones que nunca dejarán de sonar.
LUZ BIPOLAR
No sé si mañana, si tarde o si noche,
porque ahora mis días llegan y se van sin apenas luz,
oscuros fueron los últimos años,
y oscuros prometen ser.
Tampoco sé cuánto tiempo llevo en esta playa,
quizá horas, con una sensación de semanas.
Pies desnudos, sobre arena fría,
mente cansada, bajo nubes violetas.
El mar enfadado, parece como si intentara escapar
una y otra vez de esa inmensa jaula que es el océano
y ruge con ferocidad rompiendo los barrotes.
Huele a tormenta.
Respiro electricidad.
Mis sentidos desbordan.
Pero estoy apagada, como inmersa en nada.
El tiempo comienza a revolverse a mí alrededor,
una finísima lluvia llega de frente a mí
y no alcanzo a ver mucho más allá de mis pies,
pues todo se nubla por momentos envolviéndome
en un extraño mundo de arena,
y frío sueño.
Reflexiono,
últimamente, recuerdos vagos reaparecen
y desaparecen sin motivo,
son instantes que viajan desde el olvido,
se cuelan en mis sueños, y regresan al amanecer,
lo sé porque despierto lentamente,
abrigada por una suave sensación de anhelo, que se prolonga
a través del temporal,
en el que no hago más que buscar y buscar.
Busco,
atardeceres añiles,
de días largos y dorados.
Busco, brillo gris en luna,
de cortas e intensas noches.
Añoro tiempos perfectos,
cuando se respira primavera
y se siente verano.
Añoro verdes ojos
de negra mirada
en azules momentos.
Añoro sol en nuestra boca.
Te añoro
Te busco...
Te quiero
Paz y tranquilidad,
Ya no más negro ó blanco,
Anhelo mi propia estabilidad emocional.
VUESTRA AMIGA FIEL

Cuando estés perdido bajo un cielo triste y gris
y nada, nada te haga feliz,
pon tu pensamiento en mí y nómbrame sin más,
recuerda que siempre tendrás mi amistad.
Háblame, búscame y al lugar que quieras iré,
a tu lado, allí estaré.
Todo lo que tienes que hacer es sentir que no te olvidé,
soy tu amiga, sí, tu amiga fiel.
Cuando estés vencido y en ti no encuentres paz
y al dolor te entregues por los demás,
mira dentro de ti y allí me encontrarás,
soy esa pequeña luz de amistad.
Háblame, búscame, y al lugar que quieras iré,
a tu lado siempre, allí estaré.
La distancia no existirá para este cariño jamás
soy tu amiga, sí, tu amiga.
Ya sabes que en mi alma tienes lugar
un puerto donde llegar, abierto para tus sueños,
tus penas y sentimientos, y yo te lo ofrezco.
Háblame, búscame, y al lugar que quieras iré,
a tu lado siempre, allí estaré.
Todo lo que tienes que hacer es sentir que no te olvidé,
soy tu amiga, sí, tu amiga fiel.
ARCO IRIS HUMANO

Me cautiva la idea de que todo es luz y de que todo ser humano es potencialmente un prisma de luz vivo. Si mí teoría es correcta, nos atraviesan constantemente rayos de luz y nuestro tipo de personalidad determinará qué cantidad de luz sé reflejará, perdiéndose.
...
LA GRÁFICA DE LA EMOCIÓN...

Sobre la mesa, sin cartas, un papel en blanco, cuadriculado. Tomo un lápiz y una goma. Empiezo a dibujar el eje de ordenadas. Después el de abscisas. Las variables son el tiempo y el sentimiento. Y cada día que pasa, un punto nuevo. Una línea enlaza punto a punto, día con día, perpetuando las alturas y las bajadas, dibujando una gráfica que tiende al infinito, de momento. Aquel infinito que nos espera tras el margen de la vida, allí donde el horizonte deja de ser horizonte y comienza la muerte.
Son los puntos los que atraen mi atención, que hacen que luche, que me esfuerce a hacer más, a seguir viviendo los días con sentimiento, huyendo del vacío emocional. Lleno de amor y ternura, los segundos; de risas y sonrisas, mi entorno; de malas caras y resignación, las pesadillas, de compañía y cariño, los que me necesitan. Buenos y malos momentos, todos son vida. Arriba y abajo, sin rencor. Adelante, mirando atrás, sin miedo a estancarme. A ras de suelo, emprendo el vuelo, a cada paso.
Los puntos más altos son los días que estoy contigo. Picos significativos que compensan los más bajos y suben la media aritmética. Si te viera todos los días, estos puntos altos serían normales. Serían consecuencia de la repetición, cuando todo se iguala, cuando todo se hace constante... Ya no habría montaña rusa sino una línea horizontal.
La muerte en vida: la rutina ... cuando ya no valoras la suerte, cuando olvidas la importancia de los besos, cuando ya no tiemblas de emoción, cuando los abrazos son automáticos, cuando la distancia no es física y el alma es a mil millas , cuando nuestros ojos se enlazan en una mirada vacía y ya no brillan chispas de pasión.
Los puntos álgidos y los enterrados son los latidos del motor vida. El zigzag de la gráfica mantiene vivo el sentimiento. Buscamos el equilibrio y la estabilidad, cuando en realidad es el riesgo lo que nos hace sentir vivos. No nos conformemos con una vida vacía, llenemos cada rincón de emoción, de pelos de punta o carne de gallina...
No dejaré dormir mis inquietudes, cómplices de mi sueño.
VIVIR Y MORIR MIL VECES AL DIA ( les pido disculpas )

Cerró la puerta con todas sus fuerzas. Atrás quedaba una historia muerta, una historia que nunca hubiera tenido que nacer. Y dando la espalda sin mirar atrás, no fuera que se convirtiera en una estatua de sal, huyó hacia adelante, liberada por fin del compromiso de no ser feliz. Aquella había sido una relación alimentada por una destrucción bilateral y ahora ya no quedaban ni las cenizas ni los lazos masoquistas que les habían encadenado demasiado tiempo.
Ese era su momento. Salió de aquel edificio gris roído por el tiempo. El sol iluminó aún más su cara. Sólo se había llevado unas llaves. Apretó el mando a distancia y cuatro luces de un coche aparcado se encendieron y se apagaron. Se subió a él y lo arrancó. Automáticamente sonó una música estridente que la penetró todos los sentidos. Se sentía libre, se sentía feliz. Empezó a bailar mientras conducía. Iniciaba su bagaje con un destino incierto. No importa dónde iría. Lo importante es que se iba. Y tranquilamente se fue conduciendo, haciendo kilómetros y kilómetros, recorriendo carreteras laberínticas con paisajes variados y multicolores. Su vida apenas nacía.
PERDIDA . . .
Sin ti, pierdo el rumbo y el norte huye de la brújula. El sentido de la orientación me abandona y la ilusión se borra del mapa. Sin ti, sólo soy una autómata que cronometra la cuenta atrás, esperando tu regreso, deseando poder abrazarte. Sin ti, dejo de ser yo y no paro de buscarme, arrinconada en recuerdos laberínticos e imágenes difuminadas. Sin ti, vivo una vida que no me toca y me toca una vida que no vivo. Sin ti, soy un rol equivocado, un personaje intercambiado. Sin ti, no puedo hacer más que llenar el pensamiento de otras cosas, intentar olvidarte porque recordarte me agujerea la respiración y muero de dolor.
Eres parte de mí, fruto de mi vientre, fruto de mis genes, fruto de mi existencia. Con sólo mirarte, es me ilumina el alma. Sólo con tu mirada, me siento abrazada. Es la magia de nuestras conexiones naturales, más allá de lo que pueda nunca explicar la ciencia, puro sentimiento, dos corazones latentes a la vez, siguiendo el compás de una canción angelical. Te quiero hasta quedarme sin vida, vida.
Y sueño con que llegue el domingo por la noche para poder besarte y dejar libres, ríos de lágrimas, que desbordados podrán fluir después de haber aguantado la toma de mi contención, represión y resignación de tenerte lejos, lejos de mí. Las lágrimas nos volverán a unir. De nuevo, estaremos juntas.
...
EL REENCUENTRO DE UN AMOR VERDADERO
Desde el día en que te conocí,
he aprendido la Verdad sobre la vida.
En éste mundo,
cada hoja de hierba,
cada árbol,
todas las montañas,
todos los mares,
están grabados con las huellas de Tú amor.
La forma de tú amor está presente
en todas las dimensiones de mí vida.
Tomando refugio en el arca de Tú amor,
sumergido en tu canto y discurso dichoso,
atravesando los límites del tiempo y el espacio,
trasciendo la ilusión del nacimiento y la muerte.
Como deseo transformarme en las cuerdas del laúd de Tú pensamiento,
cantando melodías de amor.
Cómo deseo navegar contigo,
movida por notas musicales de amor,
de regreso a nuestro Hogar eterno;
La palabra escrita
VOY A EMPEZAR POR QUERERME MAS...
Subo las escaleras, peldaño a peldaño, mirando la altura de mis almas múltiples y soñadas. A veces con pie firme, otros tambaleándose el paso que parece inseguro pero de repente acierta el espacio a pisar. Y cuando estoy a punto de caer, me ofreces la mano volviéndome el equilibrio para seguir continuando, escalando y escalando.
Es interminable la escalera, los escalones que se pierden más allá del infinito pero no me desespero porque la esperanza de la posibilidad del mundo mejorable, de mi mundo mejorable, de nuestro mundo mejorable, me carga de razones para seguir avanzando, peldaño a peldaño. Razones que me llevan a la locura mágica del sentir.
Peldaño a peldaño, te veo en cada paso, subiendo cada vez más alto, abrazando la felicidad de infinitas caras que hacen de mi vida una vida para vivir plena y a cámara lenta. El tiempo no se escapa, lo atrapo en cada escalón, paso a paso, con un compás hecho realidad.
...
SI ME VES...
Si me ves cansada fuera del sendero,
ya casi sin fuerzas para hacer camino.
Si me ves sintiendo que la vida es dura,
porque ya no puedo, porque ya no sigo...
ven a recordarme cómo es un comienzo,
ven a desafiarme con tu desafío.
Muéveme en el alma, vuélveme al impulso,
llévame a mí misma.
Yo sabré entonces encender mi lámpara
en el tiempo oscuro, entre el fresco viento.
Volveré a ser fuego desde brasas quietas,
que alumbre y reviva mi andar peregrino.
Vuelve a susurrarme aquella consigna
del primer paso para un principio.
Muéstrame la garra que se necesita
para levantarse desde la caída.
Si me ves cansada fuera del sendero,
sin ver más espacios que el de los abismos.
Trae a mi memoria que también hay puentes,
que también hay alas que no hemos visto,
Que vamos armados de fe y de bravura,
que seremos siempre lo que hemos creído.
Que somos guerreros de la vida plena,
y todo nos guía hacia nuestro sitio.
Y que un primer paso, y que un nuevo empeño,
nos lleva a la forma de no ser vencidos.
Que el árbol se dobla, se agita, estremece,
deshoja y retoña, pero queda erguido.
Que el único trecho que da el adelante
es aquel que cubre nuestro pie extendido.
Si me ves cansada fuera del sendero,
solitaria y triste, quebrada, herida.
Siéntate a mi lado, tómame las manos,
entra por mis ojos hasta mi escondrijo.
Y dime . . . ¡SE PUEDE!, e insiste, ¡SE PUEDE!,
hasta que yo entienda que puedo lo mismo.
Que tu voz despierte, desde tu certeza,
a la que de cansancio se quedó dormida.
Y, tal vez, si quieres, préstame tus brazos,
para incorporarme, nueva y decidida.
Que la unión es triunfo cuando hombro con hombro
vamos, ¡sí, se puede!, con el mismo brío.
Si me ves cansada fuera del sendero,
lleva mi mirada hacia tu camino.
Hazme ver las huellas, que allá están marcadas,
de un paso tras otro por dónde has venido.
Y vendrá contigo una madrugada,
la voz insistente para un nuevo inicio.
MI MAYOR TESORO.
- El dinero puede comprar una casa, pero no un hogar.
- El dinero puede comprar un reloj, pero no el tiempo.
- El dinero puede comprar una cama, pero no el sueño.
- El dinero puede comprar un libro, pero no el conocimiento.
- El dinero puede pagar un médico, pero no la salud.
- El dinero puede pagar una posición, pero no el respeto.
- El dinero puede comprar la sangre, pero no la vida.
- El dinero puede comprar sexo, pero no el amor......
El próximo dia 4 de julio, Cori, mi hija, cumplirá 15 años.
No tenemos una casa de propiedad,
y en ocasiones nos ha faltado un reloj.
Ni tenemos una gran cama.
No podemos comprar ese libro que nos gusta,
ni pedir cita al mejor médico.
No gozamos de una alta posición
y decimos no al sexo barato.
Pero si podemos decir alto y fuerte,
que compartimos un hogar y
mucho de nuestro tiempo.
También podemos afirmar que compartimos sueños muy parecidos y
conocimientos que pocas
personas saben. Tenemos salud y
por encima de todo nos respetamos.
La vida nos ha dado tanto amor que
también lo compartimos,
ese amor puro é infinito,
que nace de nuestro interior y que ilumina cada uno de nuestros actos.
Ese amor que tan solo una madre y una hija pueden regalarse.
Gracias a todos por contribuir en el bienestar de mi mayor tesoro; MI HIJA.
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